El agua no cesaba de caer. Las gotas golpeaban repetidamente la ventana. Era un buen día de finales del verano. El viento hacía que la lluvia mediocre se escuchara como tormenta. Frente a la máquina de escribir tecleaba furiosamente. El rugir de las hojas al ser arrancadas violentamente del rodillo se complementaba con el tronar del exterior. Me dolía tanto y tenía tanto que expresar que las palabras se agolpaban en mi mente sin poderse expresar a través de mis dedos.
Las rosas secas del dintel de la ventana no ayudaban tampoco. Mis pocas carnes, tan traslucidas como la vieja camisa con que apenas me cubría, combinaban perfecto con los pétalos caídos. En ese tallo al que no tenía nada que envidiarle. Mis ojos, escondidos detrás de los gruesos cristales de mis gafas, cada vez veían menos. Me estaba marchitando. Y no quería hacer nada al respecto.
A veces me pregunto si valdría la pena contar los días desde que te fuiste. Saber cuánto tiempo llevo extrañando los momentos en los que tu sonrisa llenaba como un sol nuestra pobre habitación. Cuando aunque no teníamos nada, lo teníamos todo al tenernos mutuamente. Claro que se puede vivir de amor. Si para eso estoy yo, para atestiguarlo.
Pienso que si yo me quedé, fue porque mis palabras podían servir más que las tuyas. Que nos estoy expresando en cada golpe que da mi vieja máquina. La que tuvimos que empeñar con mis lágrimas y nuestra necesidad. La que regresó porque tu padre, en su único acto de generosidad, quiso salvarnos. Bueno. Salvarte. Yo jamás fui de su agrado. Ni creo serlo ya. A él le habría gustado que el ausente fuera yo. Y así estoy para el hasta este día.
Ella actriz, el escritor. ¡Qué bueno que su padre es millonario! Fue el cantar de todos los días cuando nos hicimos novios y luego cuando nos casamos. Si supieran que nunca le pedimos nada al hombre. Yo sabía que podíamos juntos. No le tenía miedo al pasado y mucho menos al futuro. Sin embargo, no contábamos con que tu salud se harían tan frágil como tu obra en unas cuantas semanas. Que esa maldita enfermedad te llevaría de mi lado cuando nadie más había podido hacerlo. Me quedé con nada. Ni siquiera tu recuerdo pude tener.
Creo que dejé de comer la primera semana. Fue por olvido. Luego, por costumbre. Bebí agua por la misma razón y ocasionalmente salía pero dejé de hacerlo cuando las miradas de las personas hacían evidente que algo no estaba bien conmigo. Primero fueron de lástima. Después, de pena. Al final, cuando solo obtuve repulsión, me encerré en esta habitación. ¡Eras tú mi único motivo y te habías ido!
No sé cómo fue el cambio, pero estoy seguro de que fue trascendental. De pronto ya no necesitaba nada. Los días pasaban y yo seguía frente a esta mesa, escribiendo, escribiendo. Las risas y los gritos de la calle no eran más que ecos vacíos. El tiempo se empezó a hace relativo. Algo definitivamente cambió. Primero lo pensé. Enseguida, lo supe. Luego vino el silencio.
Afuera deja de llover. Pero adentro no. Una gota cae sobre las hojas. Podrían ser mis lágrimas que te recuerdan. No puedo contar los días porque en realidad ya no me importa. Tu ausencia es tan poderosa que me impide nada más que dar vueltas al recuerdo. Me maldigo por no ser capaz de cumplir la última promesa que te hice. Cuídate, me dijiste. Yo asentí con la cabeza. Pero nunca lo hice y ahora voy a ti. De hecho, creo que vuelvo a escuchar tu risa desde la cama. Ya no estoy solo…

Pues recien llego del cine, y adivinen… al fin, después de tanto esperar, con muchísimas ansias, he visto Cloverfield, con el agregado de “Monstruo” en Latinoamerica. Acompañado de los Caballeros de Cydonia (menos Daniel, a quien le debemos disculpas) entramos a la función de 9:10 pm. La emoción era mucha, y cuando comenzó la película (con lo que todos vimos en los previos) la sorpresa no fue tal… pero aún nos faltaba mucho más. Para no arruinarle la película a nadie, me limitaré a expresar mi crítica. Estoy ámpliamente emocionado porque (con mucho), al ir avanzando se transformó en alucinante. Me gustó bastante, pues el desarrollo de la trama está bien logrado: una propuesta innovadora en la que los paradigmas de “película de un monstruo” no se llevan a cabo, sino que son llevados a otro nivel, el de los retos personales ante la tragedia, superáción de obstaculos, y la falta de personificación de los miedos. Sobre decir que los efectos estuvieron impecables. Técnicamente balanceada, solamente vi los hilos una vez. Se prepara la segunda parte, la cual estare dispuesto a ver. Lo siento, Cydonia, esta vez como otras me salí con la mía. De 5 posibles estrellas, le otorgo tres y media, bien ganadas.